Mostrando entradas con la etiqueta Information. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Information. Mostrar todas las entradas

lunes, 25 de noviembre de 2013

Sexo en Amberes

Cuando me siento a escribir frente al ordenador cada tarde, programada por la alarma de la tartana que llevo por móvil, me siento como Carrie Bradshaw pero con menos glamour, menos dinero y menos fama. A decir verdad, hay una centena de rasgos que me separan años luz del personaje, pero hay una que me reconcome por dentro y me produce un cosquilleo envidioso en la boca del estómago que no me deja ni tragar el muffin de la merienda. ¿Por qué ella parece tener la extraordinaria capacidad de escribir sin tapujos sobre su vida privada, siendo objeto de centenares de lecturas cada día? ¿Por qué me da la sensación de que es el único ser humano del planeta tierra que lo hace? Supongo que porque se trata de una ficción y, pese a los efímeros esfuerzos de millones de mujeres en todo el mundo por recrearla, seguirá siendo siempre una ficción. Y yo, como mujer de carne y hueso que soy, sin manolo blahnik ni casa en Nueva York, me siento sometida a una autocensura retroalimentada por el qué dirán. No obstante, espero que desde mi más cohibida escritura, sigáis disfrutando de mi humilde blog. 

martes, 12 de noviembre de 2013

Comunicación y poder

Manuel Castells, profesor de sociología y catedrático de la Universidad de California Meridional, recoge  de forma brillante en el último capítulo de su obra Comunicación y Poder (2009), las conclusiones sobre el funcionamiento del Sistema Rector que domina y caracteriza la Sociedad de la Información, a la que nos ha arrastrado la revolución de las Tecnologías de la Información y de la Comunicación. En otras palabras, sintetiza las reflexiones sobre lo que el sociólogo denomina la Sociedad Red en la que vivimos, arquetipo de la Era de la Información descrita en su obra. 

Castells cierra Comunicación y Poder con un estudio sobre el poder y el control de los medios de comunicación, que son los mecanismos que uniforman el Sistema Rector, un compendio de relaciones en red entre los actores sociales, las redes y los dueños de las mismas. Así, descorre por última vez el telón y presenta Hacia una teoría de la Comunicación y el Poder, un apartado muy interesante y completamente vigente que describe los procesos que regulan las relaciones de poder mediático y financiero. Aquí entra en juego un término muy acertado que acuña el autor: el Autómata Global, que es el mercado financiero que controlará en última instancia las relaciones entre la estructura capitalista de la Sociedad Red y los flujos informativos, productores de contenidos simbólicos, que se extienden de forma global por Internet. Asistimos, por ende, a la revolución mediática de las industrias de la información; los bienes se han transformado en flujos comunicativos legitimadores del poder. Estas relaciones de poder y comunicación pueden, a su vez, jerarquizarse y estudiarse si se descubre quién ejerce el control de los media. Entre los numerosos agentes que ejercen la gobernanza sobre los medios de comunicación en red, esto es, los grandes medios de masas digitalizados, Castells destaca la figura de los actores políticos, en conjunción con los actores sociales, además del papel de las empresas privadas, regidas por la lógica del beneficio y la conducta del mercado financiero, las agencias publicitarias, editores, periodistas y, en última instancia, los consumidores de la red, sobre los que el control se ejerce mediante la cultura del miedo, una suerte de violencia política, un terrorismo informativo.

Relaciones de Poder

El sociólogo contextualiza las relaciones de poder analizando los rasgos que caracterizan la Sociedad Red y la Era de la Información: la autocomunicación de masas, la existencia de audiencias muy segmentadas y las difusión de mensajes procedentes de múltiples emisores-receptores, lo que se traduce en una expansión brutal de las magnitudes de comunicación. En este escenario global, las relaciones del poder se basan en el poder de la red (network power), el poder de conectar en red (networking power), el poder en red (networked power) y el poder para crear redes (network-making power). Se trata de un complejo sistema de interacciones conectadas entre sí que Castells explica detalladamente, formulando un esquema del poder y la red en función de los intermediarios y los gatekeepers, encargados de controlar los flujos de información en los mass media digitalizados. 

Construir las redes de nuestras vidas

Se definen, por tanto, las características fundamentales del funcionamiento del Sistema Rector, así como sus objetivos. Se trata de una teoría plenamente vigente. No obstante, Castells reclama la realización de un profundo estudio que muestre quién realiza el control efectivo de la comunicación, poniendo un listado de nombres sobre la mesa para poder corroborar las teorías sobre el funcionamiento de la Sociedad Red y el Sistema Rector que la controla. Deben escrutarse las redes que quedan también fuera del alcance de los gatekeepers y que ofrecen mayor libertad a la ciudadanía (surgimiento del Periodismo Ciudadano), así como el fenómeno de la web 2.0 y la web 3.0. Sólo así podrá comprenderse la dependencia económica y política de los medios, que interpretan la información en función de su preagenda. Dicho estudio y la concienciación de los sujetos de la Era de la Información sobre la dependencia mediática, es el único camino para que podamos “construir las redes de nuestras vidas”.


lunes, 11 de noviembre de 2013

Cómo nos venden la moto

El control de los medios de comunicación

Noam Chomsky, lingüista, filósofo y activista político estadounidense dedica la primera parte de su obra Cómo nos venden la moto (1995), con la ayuda de Ignacio Ramonet, a criticar el capitalismo contemporáneo y la política exterior de EEUU, centrándose en el control de los medios de comunicación, que titula este primer capítulo.



Las reflexiones del Chomsky se refugian en un estudio del control al que está sometida la sociedad, adornado con el título de democracia. Para ello, se centra en la publicidad que le dan los medios de comunicación a determinados asuntos –relacionados con conflictos bélicos- y explicar así el entramado en el que está enredada la ciudadanía, cuyo liderazgo se centra en un oligopolio político que cuenta con técnicas para dominar al consumidor, basadas en la propaganda, las relaciones públicas, la fabricación en serie de la opinión, la representación de la realidad, la cultura disidente, la creación de enemigos de la nación y el desarrollo de la percepción selectiva, que se corresponden con algunas de las partes en las que se divide esta primera parte.Todo ello está sustentado, legitimado y catapultado por los medios de comunicación, que actúan como títeres de los dominios políticos, y contribuyen a controlar el pensamiento de los espectadores en los que se han transformado los ciudadanos. Se establece así una jerarquía liderada por las élites políticas, los instrumentos que emplean éstas, a saber, los medios de comunicación, y la sociedad entendida como un conjunto de espectadores cuya cultura se exhibe en las pantallas de las televisiones.

Oligopolios de la comunicación

Sin embargo, la política no es el único sector caracterizado por el dominio de unos pocos, pues los medios de comunicación están dominados por una tendencia a la fusión de unos grupos mediáticos con otros, lo que deviene en oligopolios que son más fáciles de controlar por las élites políticas. Según Chomsky, éste es el pilar fundamental que sustenta el control democrático. El siguiente es, en síntesis, la estandarización de una serie de patrones, introducidos a través de los mass media, destinados a transformar los ciudadanos en espectadores, en objetos del juego mediático. Dichos patrones se resumen en el desarrollo de un sentimiento de aislamiento, para evitar la proliferación de grupos y movimientos ciudadanos capaces de pensar por sí mismos. “Los medios de comunicación, las escuelas, y la cultura popular tienen que estar divididos”, en palabras del propio Chomsky; en la invención de unos enemigos que difundan el miedo en la población (Miedo Rojo, los rusos, Sadam Husein o el propio George Bush); en la fabricación de una opinión pública unánime que rece la propaganda y los eslóganes políticos sin cuestionarlos; en el fortalecimiento de un sentimiento bélico como defensa y el patriotismo fanático. Todos encaminados a la preservación de una democracia ficticia, en la que ni la gente dispone de los medios para participar en ella , ni los medios se rigen por la libertad de prensa y la imparcialidad.

Texto del siglo XXI

La vigencia del texto de Chomsky traspasa las fronteras norteamericanas que le dieron vida en 1995. El sistema social, político y mediático descrito en el siglo XX se traslada plenamente hoy al siglo XXI. Esta obra resalta los problemas de una sociedad dominada por dos factores que actúan de manera conjunta –política y medios de comunicación- pero ignora las soluciones que han de llevarse a término para tornar la perspectiva democrática. En la actualidad, se vislumbran el efecto rebote que han sufrido tanto los medios de comunicación como la política, pues la proliferación de manifestantes que reclaman una participación democrática efectiva ha ido en aumento en los últimos años. Su grito de guerra podría entonarse parafraseando a Albert Einstein: Los enemigos más encarnizados de nuestras ideas, son aquellos que no las defienden.

lunes, 28 de octubre de 2013

Libros para cenar

La cocina de la escritura es una obra de Daniel Cassany, cuya función es servir de soporte a todos aquellos que precisen ayuda para realizar un buen escrito y mejorar su redacción. Fue publicada en Barcelona en 1993 por la Editorial Empúries, con el título La cuina de l’escriptura. Este manual recoge en sus 255 páginas tanto los problemas como las soluciones para corregir los defectos de la escritura. Sus consejos se extienden a todos los ámbitos que precisan hacer de la escritura su forma de expresión. Así, encontramos correcciones para todo tipo de textos; desde una redacción escolar hasta una sentencia jurídica. 

El autor de este manual didáctico se sirve de todas las herramientas disponibles para analizar, en primer lugar, los vicios y defectos de la escritura para después encontrar las soluciones ajustadas a cada problema. No se limita en exclusiva a corregir las manías que se reflejan en una hoja en blanco, sino que además tipifica los pasos que todo escritor y escritora deben seguir al realizar un proceso tan artístico, imaginativo, creativo y extremadamente complicado como es la escritura. Es decir, sintetiza en un mismo libro todos los pasos que sigue el proceso de escribir, utilizando infinidad de recursos, manuales de estilo, ejemplos y ejercicios para introducir al lector en ese mundo caótico repleto de palabras que tratan de encontrar su lugar en una hoja en blanco. 

Daniel Cassany distribuye de forma equilibrada los contenidos de su obra en 16 capítulos, además del prólogo y el epílogo que abren y cierran el telón de su exposición. Cada capítulo se compone de diversos apartados que introducen de manera progresiva al lector en el objetivo del autor: la mejora y corrección del estilo, además de la preocupación por el contenido. El tema de toda la obra en su conjunto, y de los capítulos en concreto, se relaciona constantemente con alusiones a apartados que ya fueron descritos, o con referencias a contenidos que se explicarán con posterioridad. Es decir, a lo largo de toda la obra encontramos constantes marcaciones que nos sitúan en el desarrollo del manual, de tal forma que nos permiten recorrer éste dando saltos de una parte a otra, sin necesidad de realizar una lectura lineal. Sin embargo, si en lugar de tratarlo como un manual, lo utilizamos como un libro, realizando una lectura palabra por palabra, esto es, si nos dejamos llevar por una lectura relajada y receptiva, encontraremos que la redacción de esta obra es un símil con la construcción de nosotros mismos como escritores. Esto significa que el libro es una metáfora de nuestro desarrollo como escritores y escritoras, desde que somos un torbellino de ideas garabateadas sin sentido en un pedazo de papel, hasta que éstas se relacionan, interaccionan y cobran sentido una vez que estamos preparados para organizarlas y utilizarlas para expresarnos. Todo ello se consigue con práctica, trabajo y reflexión, y este manual nos proporciona los ejercicios para profundizar en nuestras carencias para poder corregirlas y reescribirnos a nosotros mismos.

No importa cuál sea la naturaleza de nuestro escrito, pues el autor no se olvida de los textos científicos, jurídicos, periodísticos, administrativos, artísticos, o incluso las simples anotaciones personales. Obvia decir que la adecuada constitución de los párrafos o la especial atención que requiere la sintaxis, la coherencia y la cohesión, son elementos cruciales en la composición de cada texto, y por ello encuentran un lugar adecuado en esta obra, junto con ámbitos tan dispares, pero estrechamente ligados, como puedan ser la puntuación y la oratoria. Unas pinceladas de escritura histórica, instrumentos y razones para escribir, exposición de ideas, técnicas de redacción, estructura del texto, defectos del escrito, reglas de expresión, análisis de escritos, puntuación, nivel de formalidad textual, oratoria, textos en imágenes, revisiones, y ejercicios y ejemplos son los instrumentos que guían los pasos que sigue esta obra para explicar de forma clara, sencilla, precisa y didáctica el proceso de escritura. 

En definitiva, La Cocina de la Escritura es un manual práctico, manejable, ligero y sencillo que cumple con creces el objetivo de su autor. Sobresale la facilidad con la que Cassany emplea los ejemplos dentro del propio texto; juega con las palabras, construye metáforas, cambia el tono, redefine la función y concluye cada apartado con una precisión envidiable. A menudo cierra los apartados preguntando al lector si ha comprendido la esencia de esa última explicación, obligándole a retroceder, en ciertas ocasiones, para tomar consciencia de la gracia con la que sutilmente ha sido engañado. La gran variedad de recursos empleados animan a los aprendices a concentrar su atención en las carencias de su prosa, mientras que los escritores más profesionales se sienten retados a reescribir sus textos, en busca de esa codiciada perfección. Cassany es capaz de transformar una marea de palabras en una retahíla de consejos dotados de utilidad.

Sin embargo, ciertos apartados del libro pierden esa rapidez y agilidad de la que presume la obra en su conjunto. Esto sucede cuando encontramos una larga procesión de ejemplos, en especial al explicar los defectos de la redacción (solecismos, cacofonías, reglas para escoger palabras, etc.). Mientras que la intención del autor es justificar sus explicaciones ayudándose de los ejemplos, con vistas a una mejor comprensión por parte del lector, éste acaba por sumirse a la monotonía de una lectura carente de variaciones; necesita una formulación retórica o un cambio de registro para reubicarse en la parte del escrito en la que se han perdido sus ojos y así recuperar esa atención que había perdido.

En conclusión, La cocina de la escritura es un manual práctico que goza de una increíble utilidad para tanto escritores profesionales como para sus pupilos. No nos ofrece una lectura profunda que nos impida despegar nuestros ojos de sus hojas, sino un soporte básico que resuelva las dudas estilísticas que nos ataquen cuando entre nuestros dedos sostengamos una pluma y nos encontremos ante una amenazante hoja en blanco esperando a ser atendida por nuestros pensamientos.




domingo, 27 de octubre de 2013

Periodismo imposible

"La destitución. Historia de un periodismo imposible" (2010), titula el periodista bilbaíno que corona este artículo. Una obra que, en 176 páginas, incita a la reflexión sobre la deprimente situación actual en la que se encuentra el periodismo español en particular, aunque bien sabemos que la crisis mediática se ha expandido, por ese fenómeno al que los expertos han denominado globalización, hasta el último diario del planeta. José Antonio Zarzalejos nos obliga, como decía, a reconsiderar la desaparición de los principios éticos, morales y periodísticos que regulaban la profesión, con la consecuente reconfiguración de un “periodismo imposible”. Los poderes políticos han desarrollado una extraordinaria capacidad para subvertir los Códigos Deontológicos de los medios de comunicación. Sin embargo, los actores políticos no actúan en solitario, sino que aúnan fuerzas con otros sectores emergentes del Sistema Rector, tales como las instituciones, las empresas privadas, las entidades financieras o las agencias publicitarias, en detrimento de los derechos de los ciudadanos, simples marionetas del escenario mediático. 

El libro de Zarzalejos constituye, por tanto, una crítica a las relaciones actuales entre la prensa y el poder, basada en el propio ejemplo del autor. Como recoge la Editorial Península, “este relato constituye un alegato de carácter moral que reivindica la solvencia y la dignidad del oficio periodístico”, que se ve condicionado desde hace años por agentes externos a la profesión que no sólo escogen a dedo a los directores de los medios, sino que además pre-configuran las noticias de la agenda. Es decir, los contenidos introducidos en la agenda por iniciativa propia del medio se reducen a un 7,5% (datos del 2008),  frente a un abrumador 92,5% configurado por la agenda política, institucional y económica. Por otro lado, la mayoría de los directores de medios de comunicación afirmaron (90%), en una encuesta realizada en el año 2004, que habían recibido presiones por parte de agentes externos. Dichas presiones se radicalizan cuando los dirigentes políticos son capaces de destituir a uno de esos directores con una simple llamada. Eso es lo que denuncia Zarzalejos, exdirector del diario ABC (2005-2008), que fue sustituido por Ángel Expósito (2008-2010), cuando la ex presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, se percató del cambio en la línea editorial del periódico, más próximo a la política de Alberto Ruiz Gallardón. Las discrepancias entre estos dos gobernantes llevaron a Aguirre a ordenar a Isabel Gallego (responsable de relaciones de los medios de comunicación con la capital) la destitución del periodista bilbaíno.

El ejemplo de Zarzalejo es una gota más que añadir al vaso. Las relaciones entre la prensa y el poder son completamente corruptas, pero no sólo en España. Sabemos de buena tinta el doble juego de intereses que envuelve a medios y poderes políticos, como en el caso del magnate Rupert Murdoch, cuyos “affaires” con Thatcher, Blair o Cameron son bien conocidos. Por otro lado, la decadencia del actual sistema de medios, con frágiles estructuras empresariales, pérdidas que se cuentan por millones y la mercantilización salvaje de éstos han hecho que se conviertan en empresas dependientes las unas de las otras. En consecuencia, el periodismo ofrece productos vendidos al mejor postor, expuestos en los escaparates que ahora representan los medios de comunicación. Por desgracia, los consumidores se han acostumbrado a esta configuración de los roles del espacio mediático, en donde unos agentes se pelean con otros por conseguir el mejor pedazo del pastel o, en su defecto, el medio más fiel. 

jueves, 24 de octubre de 2013

Good night, and good luck

Las palabras del periodista Edward R. Murrow lanzaron sus críticas contra el sistema mediático que se cernía sobre la sociedad americana, indefensa frente a los dardos televisivos lanzados al centro de la diana. El discurso de Murrow censuró el tejido industrial de los mass media, en especial de la caja ante la que cada día los consumidores, que no ciudadanos, se postraban para rezar sus discursos ideológicos. La televisión consiguió más que ningún otro medio el embebecimiento de los espectadores. Poseía una habilidad hipnotizadora, que sumía a los consumidores mediáticos en un balanceo de distracción, diversión, engaño –en palabras de Murrow- y así sucesivamente, siguiendo un ritmo melódico y armonioso regulado por las sintonías de cada programa televisivo. Aún hoy, la televisión ejerce ese mágico poder sobre la masa de consumidores, incluso lo ha desarrollado estrechando sus alianzas con medios como la publicidad, cuyo lenguaje viperino encauza los deseos de los consumidores hasta convertirlos en necesidades. Puede que más allá de los esfuerzos de la televisión por controlar su dominio sobre los espectadores, sean éstos quienes no habrían sofocado las preocupaciones de Murrow por transformar los consumidores objeto en ciudadanos sujeto. Por ende, el imperialismo televisivo continúa expandiendo los territorios que comenzó a conquistar en la industria cultural.

La televisión se ha consolidado frente a otros medios estancados o en decadencia, como la prensa o la radio. Se ayuda de nuevas herramientas que adornan su fachada desgastada por el paso del tiempo –y del buen periodismo, que se ha ido alejando para dejar paso al amarillismo y al show informativo del prime time- como Internet, en donde amplían sus fronteras coronándolas con las etiquetas de interactividad, hipertextualidad y multimedialidad. Simples florituras que tratan de suplir las cadencias de su rigor informativo. La excepción de la regla se confirma en las televisiones públicas, que cuentan con un mayor grado de independencia frente a las privadas, sometidas a las exigencias publicitarias y a corrientes ideológicas que marcan las decisiones editoriales. En cualquier caso, la “independencia” de un medio de comunicación es un término sustentado por alfileres cuyos límites están delimitados por una línea de puntos.

Por otro lado, existen alternativas a la televisión cuyos adeptos deberían probar al menos una vez en la vida. La peregrinación hacia estos medios es un camino tortuoso hacia una meta indeterminada, pues en la actualidad es una ardua tarea escoger un medio cuyo rigor informativo esté a la altura; la crisis no se remite únicamente a los aspectos económicos, sino que también está muy extendida en los mass media. Las últimas alternativas han venido de la mano de las redes sociales, suspendidas virtualmente en ese abrumador espacio que es Internet. Su proliferación ha contribuido al desarrollo de fenómenos como el periodismo ciudadano, que, hoy por hoy, no es sino otra forma de intrusión en el mundo del periodismo al alcance de cualquiera. La cantidad es mayor, pero la calidad es peor. La interactividad es casi una exigencia a los medios tradicionales, que deben adaptar sus estrategias informativas para captar nuevos followers. Sin embargo, este número de participación periodística aún es reducido, ya que el modelo del consumidor objeto sigue siendo el ideal para el periodismo, especialmente para el televisivo.

A pesar de la tormenta, la reputación de algunos medios sigue cantando bajo la lluvia. Algunos medios impresos, pese a encontrarse en números rojos, poseen aún la vara mágica de la credibilidad, obviando los tintes ideológicos que cubren cada periódico. Las publicaciones online son una de mis herramientas predilectas, tanto por razones económicas como de tiempo y comodidad. ¡Benditos sean los smartphones! El premio de consolación, a pesar del disgusto que le supondría a Edward R. Murrow, es para las televisiones. Su decadencia no ha hecho sino ir en aumento, apoyándose en el sincretismo para aumentar audiencia, recurriendo al fenómeno de la suplantación para darle a los espectadores los finales felices que no pueden protagonizar, tiñéndose con el amarillismo y combinando realidad-ficción en un cóctel difícil de digerir en la noche. El show informativo y la ciencia ficción hiperrealista son dos sucesos que se alejan mucho del ideal que denunciaba el periodista. En efecto, nos hemos percatado del error demasiado tarde.





miércoles, 16 de octubre de 2013

NO estoy loca

La gran mayoría de nosotros estamos locos, pero bien locos. Por suerte para nosotros, somos tantos que, más que un diagnóstico, se ha generalizado un estado mental compartido, como si de un álbum de Facebook se tratara, con el fin de dejarnos campar a nuestras anchas por los prados de la insensatez y de la inmoralidad. Andamos siempre en manada, guiados por el tintineo de un suave cencerro que a lo lejos nos dice a dónde ir, cómo vestir, qué decir y con quién relacionarlos. Somos una cadena de productos descerebrados fabricados en masa, modificados en el laboratorio para arrebatarnos la opinión y la presunta democrática libertad de la que gozamos por el simple y privilegiado hecho de ser humanos. Hemos perdido el criterio, si es que algún día lo tuvimos, y el espíritu crítico que nos animaba a cuestionarnos lo que nos vendían los periódicos. Nuestras decisiones se han reducido pragmáticamente a un botón de "Me gusta" y nuestros pensamientos han de ser cómodamente leídos, como máximo en 140 caracteres, ahorrándonos hasta los puntos. 

Puntos es lo que deberían darnos en la cabeza la Seguridad Social, para cerrar la  brecha que ha separado (in)evitablemente nuestro cuerpo de nuestra mente, que se ha ido volando por tonto descuido nuestro, al dejarla mal aparcada. Como bien dijo McLuhan, "entramos en el futuro retrocediendo", pero sin mirar ni tan siquiera por los espejos. Si me viera Albertito, mi profesor de autoescuela, me arrancaría de un guantazo la licencia de pensar. 

Por fortuna para Descartes, hace mucho que dejamos de existir. Desde el momento en que adoptamos esta conducta reduccionista, politizada, eurocentrista y censuradora que ha recortado del diccionario la definición de ser humano. 

Por suerte para nosotros, contamos con una gran habitación acolchada subvencionada por el gobierno, pública y de fácil acceso: una simple dirección de correo electrónico y una contraseña que contenga al menos 6 dígitos, mayúsculas y números. 

martes, 28 de mayo de 2013

Puterismo

Bienvenidos a la Sociedad de la Des-Información, al espectacular mundo de luces y sombras de la comunicación del siglo XXI. Nos hemos dejado arrastrar por una espiral de corrupción, decadencia y contaminación informativa. Estamos infoxicados por este maremágnum de palabras descontroladas que van y vienen, imágenes que bailan y se desnudan en las pequeñas pantallas, sonidos de bombo y platillo que cierran los informativos. Desde el momento que pagamos por una entrevista, servimos canutazos sacados de contexto y contamos medias-verdades, estamos prostituyendo la información. Y los periodistas (o practicantes, como es mi caso) somos sus chulos. Estamos perfeccionando una nueva vertiente de la profesión: el puterismo.

Nos hemos convertido en unos vendidos. Desconectamos nuestros valores y alquilamos nuestras ideas para mentefacturar productos atractivos, llamativos y bonitos que ayuden a marear los ojos de ese gran monstruo al que llamamos masa. Nos aterroriza cuestionar a una audiencia alimentada con espectáculo, que ha olvidado lo que significa la palabra calidad. Algo de lo que sólo nosotros somos culpables.

Quizá el futuro del periodismo se aclare cuando quiebren los grandes mass media, los dueños de la agenda social de la información, comprada al mejor ofertante. No tienen dinero, no tienen principios, pero nos tienen cogidos por dónde más duele. Pero nosotros no olvidamos que la información es poder, el poder es del dinero y el dinero, no es más que papel. Mientras tanto, mejor consumir mentiras vestidas de ficciones que mentiras vendidas con la etiqueta de actualidad.