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lunes, 3 de febrero de 2014

Cafeína

Nunca he apreciado mucho la cama, ni siquiera después de una de esas noches enteras de parranda que me devuelven a casa con ojeras hasta en el carnet de identidad. Y es que cuando acostumbro mi cuerpo a seguir una rutina, no hay quien me la cambie. Eso puede tener tantas ventajas como inconvenientes, según el lado desde el que se mire. En resumen, que como consecuencia de mi poca afinidad de la cama, he desarrollado un muelle en el culo que me lanza disparada fuera de las sábanas cuando he recargado un poco las pilas, lo suficiente como para seguir dando por saco. Y así, día tras día, caigo rendida entre las sábanas frías hasta que no aguanto más y tengo que huir despavorida de ellas. En ese sentido, pude decirse que soy única en mi especie, pues no he visto jamás a nadie con tan poco gusto por dormir y tan asombrosa facilidad para seguir adelante con una simple cabezadita.

Aunque no toda esa energía viene como por arte de magia a inyectarse en mis venas. He de reconocer que me gusta más de lo que debería un buen chute de cafeína. Hago colección de capsulitas de colores, de absurdos sabores y aromas que les dan nombres burdos y faltos de originalidad. Pero supongo que en italiano todo suena mejor y de ahí el marketing exitoso de todas las cafeteras de este planeta que podría poseer con mucho gusto. Por la mañana un café, o dos, y por la noche un redbull y soy el lado oscuro de Chicho Terremoto, con la inquietante habilidad de subirme por las paredes y rozar la histeria. El café puede llegar a hacer conmigo lo que le hacía un agüita a los pobres Gremlins, aunque yo el carácter de bicho ya lo llevo de serie. 

Con cafeína o sin ella, nunca me ha gustado demasiado la cama, pues llevo tatuada la filosofía de que la vida es eso que pasa mientras duermes y, aunque un buen sueño nunca le amarga a nadie, sólo despiertos podemos llegar a hacerlo realidad. Los mejores recuerdos que guardo, tanto dentro como fuera de la cama, los revivo soñando, pero sólo despierta puedo seguir viviendo momentos que recordar. 

domingo, 29 de septiembre de 2013

Nos esperan días de lluvia, lluvia y más lluvia

El cielo, teñido por un manto gris, anunció su veredicto, pero ni él ni ella le escucharon. Las gotas comenzaron a contarse por segundos y, después, por milésimas de segundos, hasta que el agua deshizo el tiempo y la tormenta se les echó encima. Todos huyeron del orgullo mojado, aunque para ellos nadie se movió, porque siempre estaban solos.

miércoles, 18 de julio de 2012

Reflejos

Los recuerdos son reflejos de la memoria, que se proyectan a gran velocidad sobre un escaparate adornado por los ojos. Son percepciones efímeras de un pasado más o menos reciente, pero latente. Tal es su presencia, que en más de una ocasión nos aferramos a ellos, revolviendo en el cajón desordenado e inexplorado que mantenemos con polvo, para después seleccionar uno a dedo y contemplarlo por unos instantes antes de que vuelva a su escondrijo. Sin embargo, no siempre los rescatamos de forma consciente, sino que la mayor parte de esos reflejos proviene de un olor, un objeto especial, una persona, e incluso, un sueño, pero como dijo Calderón, los sueños, sueños son.