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domingo, 16 de marzo de 2014

Qué malo es hacerse mayor

Y qué de gente quiere pegarme por quejarme del paso del tiempo con veinte primaveras a mis espaldas, pero es indiscutible el irrefrenable proceso de cambios que han estado redecorando mi cerebro con el paso de los años. Como todo cambio, no es algo que se note día tras día, ni mucho menos, sino que te despiertas una mañana con más ojeras, más pelo y menos espinillas y con un recién adquirido gusto por todos esos sabores que siempre aborreciste. Ahora, que no falte un vinito por la noche, el cafetito después de comer, ni un par de cervecitas con el aperitivo. 

Te cambia la forma de vestir, de peinarte, incluso de caminar. Desfilas con más gracia y confianza por las pasarelas de Fuencarral y Malasaña. Dejas un poco más de lado esos garitos llenos hasta los topes en busca de cafés alternativos con gafapastas interesantes y libros de autor. Pero al final, mucho indie y pocas nueces. 

La gotita que colma el vaso llega cuando, de paseíto por el retiro, te dedicas a criticar a todo grupo de adolescentes (osea sé, todos los que tienen menos de veinte años, porque tú, con 20 o 21, ya no eres ni adulto ni adolescente, sino un ser incomprendido castigado por los roles arbitrariamente repartidos por la sociedad). Ahí si que te sientes viejo, que no mayor, y tu único consuelo es mezclarte entre los gafapastas de Malasaña pensando que aún te quedan 9 o 10 añitos para pedirte un orujo de hierbas después de comer.

Si te ha gustado, también te gustará La crisis de los 20

miércoles, 12 de marzo de 2014

Caos de vida

Efectivamente, como dicen los señores de Tuenti, este caos de vida agota, y la musiquilla de su último anuncio también, y mucho. Tanto que siento un magnetismo feroz hacia el mando de la televisión para cambiar rauda y veloz de cadena, o al menos, si el programa merece la espera, bajar el volumen de los anuncios que me gritan desde el plasma. ¿Qué les pasa a los anunciantes, que ya solo consiguen molestar (pero en el mal sentido, no como lo entiende el gurú Risto Mejide)? 

Me da la amarga y desagradable sensación de que estamos faltos de ideas, y me incluyo no como anunciante, aunque en su día me planteé combinar periodismo con publicidad, sino como creadora, como portadora de un cerebro emprendedor que se ha quedado a medio camino. Últimamente sólo una idea ronda los bordes de mi cerebelo, y es la confusa sensación de que está todo inventado, por eso tenemos que ver los orígenes de 300, sufrir versiones en acústico de los hits que vomita la radio y recuperar la moda del año del pedo. 

Caos, efectivamente, es la palabra idónea que satura los mensajes publicitarios, los iconos, los símbolos y hasta las infinitas señales de tráfico de las que sólo hemos sido capaces de recordar el ceda y el stop (y algunos ni eso). En definitiva, estamos infoxicados, como le encanta gritar a mis profesores, trayendo a colación teorías que ni ellos mismos entienden para rellenar sus tres horas de monólogo universitario. 

Y como prueba, un botón: 


domingo, 22 de diciembre de 2013

Desierto

¿Alguna vez os habéis parado a pensar lo afortunados que son los desiertos? Lugares recónditos, desperdigados por el mundo, perdidos, aislados, con una bipolaridad extrema cuyos polos se invierten según sea día o noche, sin necesidad de dar explicaciones a nadie, ni siquiera a la madre naturaleza o a las leyes de la física. Mecidos por el suave vaivén del viento, fluyen por su propia superficie de un lado a otro, cuando les interesa o les conviene, sin dejar más rastro que el de las dunas que dejan a su paso. 

Compuestos de efímeros granitos de arena, se oponen a que cualquiera deambule sobre sus cimientos, abrasándoles con la ayuda del Sol o helándoles cuando éste se va. Sólo algunos pocos afortunados, quienes que ya les conocen , son capaces de lidiar con ellos y aguantar sus cambios de humor. Nadie sabe muy bien por qué son tan reacios a casi cualquier otra forma de vida que no sea un cactus, igual de inhóspito y desagradable que ellos. No obstante, ente estas dos formas de la naturaleza parece existir una perfecta comunión a la que muchos humanos no conseguimos llegar en toda una vida.

Quizá no sea tan mala idea pedir en la carta de los Reyes la reencarnación en cactus. Tal vez ésa sea la forma de dejar de dar tumbos por la ciudad para asentarse en un lugar tranquilo, prácticamente inhabitado en el que poder pensar, rodeado de oasis que alimenten las ensoñaciones que no pudimos cumplir en nuestras otras seis vidas. 

martes, 26 de noviembre de 2013

Film maker

Desde hace unos años he cogido la costumbre de imaginarme la vida de cada transeúnte que se cruza en mi camino, más aún después de haber empezado a estudiar comunicación audiovisual. Si ya antes de decidir mi futura carrera sabía más o menos que tiraría por periodismo, debido a mi gran pasión por la escritura, ahora, al saber un poco más de cine, me monto unas películas de impresión con la gente que pasa por delante de fría nariz. 

Os recomiendo que, de cuando en cuando, le deis alas a la imaginación con un redbull, un café o una cerveza en la silla del bar o el banco del parque de la esquina, analizando a los personajes principales, seleccionando extras y gritando acción con cada nuevo desconocido. Es un entretenimiento divertido, barato y saludable para nuestros cerebros adormilados por la rutina diaria del invierno. 

lunes, 11 de noviembre de 2013

Cómo nos venden la moto

El control de los medios de comunicación

Noam Chomsky, lingüista, filósofo y activista político estadounidense dedica la primera parte de su obra Cómo nos venden la moto (1995), con la ayuda de Ignacio Ramonet, a criticar el capitalismo contemporáneo y la política exterior de EEUU, centrándose en el control de los medios de comunicación, que titula este primer capítulo.



Las reflexiones del Chomsky se refugian en un estudio del control al que está sometida la sociedad, adornado con el título de democracia. Para ello, se centra en la publicidad que le dan los medios de comunicación a determinados asuntos –relacionados con conflictos bélicos- y explicar así el entramado en el que está enredada la ciudadanía, cuyo liderazgo se centra en un oligopolio político que cuenta con técnicas para dominar al consumidor, basadas en la propaganda, las relaciones públicas, la fabricación en serie de la opinión, la representación de la realidad, la cultura disidente, la creación de enemigos de la nación y el desarrollo de la percepción selectiva, que se corresponden con algunas de las partes en las que se divide esta primera parte.Todo ello está sustentado, legitimado y catapultado por los medios de comunicación, que actúan como títeres de los dominios políticos, y contribuyen a controlar el pensamiento de los espectadores en los que se han transformado los ciudadanos. Se establece así una jerarquía liderada por las élites políticas, los instrumentos que emplean éstas, a saber, los medios de comunicación, y la sociedad entendida como un conjunto de espectadores cuya cultura se exhibe en las pantallas de las televisiones.

Oligopolios de la comunicación

Sin embargo, la política no es el único sector caracterizado por el dominio de unos pocos, pues los medios de comunicación están dominados por una tendencia a la fusión de unos grupos mediáticos con otros, lo que deviene en oligopolios que son más fáciles de controlar por las élites políticas. Según Chomsky, éste es el pilar fundamental que sustenta el control democrático. El siguiente es, en síntesis, la estandarización de una serie de patrones, introducidos a través de los mass media, destinados a transformar los ciudadanos en espectadores, en objetos del juego mediático. Dichos patrones se resumen en el desarrollo de un sentimiento de aislamiento, para evitar la proliferación de grupos y movimientos ciudadanos capaces de pensar por sí mismos. “Los medios de comunicación, las escuelas, y la cultura popular tienen que estar divididos”, en palabras del propio Chomsky; en la invención de unos enemigos que difundan el miedo en la población (Miedo Rojo, los rusos, Sadam Husein o el propio George Bush); en la fabricación de una opinión pública unánime que rece la propaganda y los eslóganes políticos sin cuestionarlos; en el fortalecimiento de un sentimiento bélico como defensa y el patriotismo fanático. Todos encaminados a la preservación de una democracia ficticia, en la que ni la gente dispone de los medios para participar en ella , ni los medios se rigen por la libertad de prensa y la imparcialidad.

Texto del siglo XXI

La vigencia del texto de Chomsky traspasa las fronteras norteamericanas que le dieron vida en 1995. El sistema social, político y mediático descrito en el siglo XX se traslada plenamente hoy al siglo XXI. Esta obra resalta los problemas de una sociedad dominada por dos factores que actúan de manera conjunta –política y medios de comunicación- pero ignora las soluciones que han de llevarse a término para tornar la perspectiva democrática. En la actualidad, se vislumbran el efecto rebote que han sufrido tanto los medios de comunicación como la política, pues la proliferación de manifestantes que reclaman una participación democrática efectiva ha ido en aumento en los últimos años. Su grito de guerra podría entonarse parafraseando a Albert Einstein: Los enemigos más encarnizados de nuestras ideas, son aquellos que no las defienden.

martes, 5 de noviembre de 2013

Manipulación lingüística

La manipulación lingüística es la lacra del periodismo. Se presupone la búsqueda de la objetividad, la imparcialidad, y la veracidad de los hechos, basadas en la consulta de fuentes fiables. Sin embargo, los criterios de rigor y rectitud informativa han sido desmantelados por los medios de comunicación tradicionales. Si bien es cierto que la ideología es un patrón influyente en todos los mass media, los medios impresos son los mejores ejemplos en los que podemos observar cómo el manejo del lenguaje puede darle la vuelta a la información.

En consecuencia, los receptores de la información, esto es, los lectores de prensa, recurren a ampliar el abanico de información (o deberían), consultando varios periódicos opuestos para extraer sus propias conclusiones y forjar una opinión independiente. Ahora los medios online se presentan como una nueva solución. No nos referimos a los periódicos digitales ni a las ediciones de papel que ofrecen también sus versiones en red, sino que hablamos del papel protagonista que están adquiriendo las redes sociales en el siglo XXI. En el espacio virtual, el feedback comunicacional se refuerza más que en cualquier otra forma de comunicación, ya que los usuarios de Internet interpretan sendos papeles, el de receptor y emisor. Sin embargo, esto no quiere decir que la manipulación lingüística se abstenga de aparecer en escena, pues, al fin y al cabo, somos las personas quienes manejamos el lenguaje, y, de nosotros depende que hagamos un buen uso de él o no. 

domingo, 3 de noviembre de 2013

Wert limita las ayudas a los Erasmus

AFECTADOS DESDE ESTE AÑO EN ADELANTE

Sólo los beneficiaros de la beca del MNE recibirán también la ayuda Erasmus


Este mediodía, descubrí a través de Facebook que en los tres meses que me quedan en Amberes voy a tener que apretarme un punto (o dos) más el cinturón, puesto que el Ministro de Educación José Ignacio Wert ha retirado la ayuda Erasmus a todos aquéllos estudiantes que el año anterior no fuimos becarios de la Beca del Ministerio. La medida, que fue publicada en el BOE el pasado 2 de noviembre, no ha recibido ninguna cobertura, hasta ahora, por parte de los medios de comunicación. 

Se está difundiendo, por suerte, en los "nuevos medios", esto es las redes sociales, principalmente Facebook, a través de los grupos creados por los estudiantes Erasmus, y Twitter. 





A través de Change.org se ha puesto en marcha una iniciativa para recoger firmas en contra de esta medida, que ya cuenta con el apoyo de 1.690 usuarios. Una sencilla petición recogida en la página web, que puede ser compartida y firmada al instante, con el siguiente formato:

 Para: 
José Ignacio Wert, Ministro de Educación 
Que se mantengan las becas Erasmus para universitarios que no reciben la beca general
Atentamente,
[Tu nombre]
Las reformas educativas llevadas a cabo por el Gobierno español están azotando con mano firme la educación y las míseras ayudas de las que disponíamos los estudiantes, ahora convertidas en privilegio de unos pocos. Lo mismo sucedió con las Becas de Excelencia de la Comunidad de Madrid, el 17 del pasado mes de septiembre, cuyas nuevas bases de la convocatoria 2013/2014 dejaron sin ayuda, cuya cuantía ascendía a 3.000€, a los estudiantes que no hubiesen sido becarios en la convocatoria anterior, convirtiendo esta ayuda en una "beca de continuidad".

La chica que no sabía leer los mapas

Un mapa es la representación gráfica de un territorio utilizando una escala. Hay diversos tipos de mapas que difieren tanto por sus dimensiones, como por lo que representan (políticos, geográficos, climáticos, de carreteras, de flujos, etc.) o por la forma en que lo hacen (diferentes proyecciones de un mapa, como las esferas, los planos o los cónicos). 

Un mapa que ejemplifica la proyección de todas esas connotaciones enumeradas con anterioridad es el denominado “mapamundi”. En este caso, me referiré a la proyección plana del globo terráqueo, es decir, a la representación de los cinco continentes sobre el eje de paralelos y meridianos en una superficie plana. Una peculiaridad característica de este tipo de mapa es la visión o distribución de los continentes representados en la superficie; esto, que pasa desapercibido en las esferas, es muy notable en los planos, pues la visión del mundo que se proyecta en estos mapas difiere según la cultura que lo esté representando. Así surgen las diferencias entre contemplar un mapamundi en  América o hacerlo en Eurasia, dos visiones que nada tendrán que ver con la proyección oceánica o antártica. Tomando los dos primeros ejemplos enumerados, hago referencia a las distintas visiones que podemos encontrar entre dos mapas aparentemente iguales, de las mismas dimensiones y tipología, que puede encontrar un norteamericano al ver un mapa creado por un europeo y viceversa. Nuestra cultura nos ha acostumbrado a una visión céntrica de nuestro continente, quedando América al lado izquierdo y ocupando Asia el Este cartográfico. En cambio, en los mapamundis americanos, su continente suele ocupar la posición central, distribuyéndose Oceanía y Rusia por el lado izquierdo, quedando el derecho para Europa.


Sin duda, la visión de un territorio y su representación en el mapa está llena de connotaciones culturales influenciadas por el contexto y los factores que caracterizan a dicho territorio. A pesar de ello, la cultura no es la única fuente de la que emanan estas diferencias, sino que cuestiones pragmáticas también influyen en el tipo de representación que adquiere el mapa. Se trata de parámetros útiles que, en cierta medida, también se hallan ligados a la costumbre.



Imagen de http://www.mapresources.com/world-black-and-white-blank-outline-digital-raster-vector-powerpoint-map-mc-amr-253670.html

miércoles, 30 de octubre de 2013

El Grinch

Hace no mucho, apenas un par de años, bien podrían -y, de hecho, seguro que alguien lo hizo-, haberme definido como la versión femenina del Grinch, y no sólo por mi rechazo a la Navidad, sino por mi total y absoluta repudia a todas las convenciones sociales y fiestas consumistas, producto de las ambiciones de un puñado de hombres de negocios.

San Valentín, por ejemplo, estaba en mi lista de días negros y, por suerte o por desgracia, lo sigue estando. ¿Quién demonios se cree Cupido que es para decir qué día tenemos que regalarle chorradas al novio o la novia, en caso de que lo tengamos? Tan absurdo es celebrar el día de los enamorados como mantener una relación con una persona a la que sólo amaste un día y, encima, fue porque te lo dijeron. 

Por un momento, me pongo en la piel de Hitch y te aconsejo que, si quieres a alguien, no te esperes a que el maldito Corte Inglés instale la Navidad en tu ciudad; a que sea su no sé cuántos cumpleaños o al dichoso 14 de febrero. Tampoco te plantees esperar a su santo. Olvídate del calendario y dile lo que sientes de inmediato.

PD: las palabras también cuentan, y más cuando están bien dichas. No hace falta arrastrarse hasta Uno de Cincuenta para meter una mariconada carísima en una caja del chino.

domingo, 27 de octubre de 2013

Periodismo imposible

"La destitución. Historia de un periodismo imposible" (2010), titula el periodista bilbaíno que corona este artículo. Una obra que, en 176 páginas, incita a la reflexión sobre la deprimente situación actual en la que se encuentra el periodismo español en particular, aunque bien sabemos que la crisis mediática se ha expandido, por ese fenómeno al que los expertos han denominado globalización, hasta el último diario del planeta. José Antonio Zarzalejos nos obliga, como decía, a reconsiderar la desaparición de los principios éticos, morales y periodísticos que regulaban la profesión, con la consecuente reconfiguración de un “periodismo imposible”. Los poderes políticos han desarrollado una extraordinaria capacidad para subvertir los Códigos Deontológicos de los medios de comunicación. Sin embargo, los actores políticos no actúan en solitario, sino que aúnan fuerzas con otros sectores emergentes del Sistema Rector, tales como las instituciones, las empresas privadas, las entidades financieras o las agencias publicitarias, en detrimento de los derechos de los ciudadanos, simples marionetas del escenario mediático. 

El libro de Zarzalejos constituye, por tanto, una crítica a las relaciones actuales entre la prensa y el poder, basada en el propio ejemplo del autor. Como recoge la Editorial Península, “este relato constituye un alegato de carácter moral que reivindica la solvencia y la dignidad del oficio periodístico”, que se ve condicionado desde hace años por agentes externos a la profesión que no sólo escogen a dedo a los directores de los medios, sino que además pre-configuran las noticias de la agenda. Es decir, los contenidos introducidos en la agenda por iniciativa propia del medio se reducen a un 7,5% (datos del 2008),  frente a un abrumador 92,5% configurado por la agenda política, institucional y económica. Por otro lado, la mayoría de los directores de medios de comunicación afirmaron (90%), en una encuesta realizada en el año 2004, que habían recibido presiones por parte de agentes externos. Dichas presiones se radicalizan cuando los dirigentes políticos son capaces de destituir a uno de esos directores con una simple llamada. Eso es lo que denuncia Zarzalejos, exdirector del diario ABC (2005-2008), que fue sustituido por Ángel Expósito (2008-2010), cuando la ex presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, se percató del cambio en la línea editorial del periódico, más próximo a la política de Alberto Ruiz Gallardón. Las discrepancias entre estos dos gobernantes llevaron a Aguirre a ordenar a Isabel Gallego (responsable de relaciones de los medios de comunicación con la capital) la destitución del periodista bilbaíno.

El ejemplo de Zarzalejo es una gota más que añadir al vaso. Las relaciones entre la prensa y el poder son completamente corruptas, pero no sólo en España. Sabemos de buena tinta el doble juego de intereses que envuelve a medios y poderes políticos, como en el caso del magnate Rupert Murdoch, cuyos “affaires” con Thatcher, Blair o Cameron son bien conocidos. Por otro lado, la decadencia del actual sistema de medios, con frágiles estructuras empresariales, pérdidas que se cuentan por millones y la mercantilización salvaje de éstos han hecho que se conviertan en empresas dependientes las unas de las otras. En consecuencia, el periodismo ofrece productos vendidos al mejor postor, expuestos en los escaparates que ahora representan los medios de comunicación. Por desgracia, los consumidores se han acostumbrado a esta configuración de los roles del espacio mediático, en donde unos agentes se pelean con otros por conseguir el mejor pedazo del pastel o, en su defecto, el medio más fiel. 

jueves, 24 de octubre de 2013

Good night, and good luck

Las palabras del periodista Edward R. Murrow lanzaron sus críticas contra el sistema mediático que se cernía sobre la sociedad americana, indefensa frente a los dardos televisivos lanzados al centro de la diana. El discurso de Murrow censuró el tejido industrial de los mass media, en especial de la caja ante la que cada día los consumidores, que no ciudadanos, se postraban para rezar sus discursos ideológicos. La televisión consiguió más que ningún otro medio el embebecimiento de los espectadores. Poseía una habilidad hipnotizadora, que sumía a los consumidores mediáticos en un balanceo de distracción, diversión, engaño –en palabras de Murrow- y así sucesivamente, siguiendo un ritmo melódico y armonioso regulado por las sintonías de cada programa televisivo. Aún hoy, la televisión ejerce ese mágico poder sobre la masa de consumidores, incluso lo ha desarrollado estrechando sus alianzas con medios como la publicidad, cuyo lenguaje viperino encauza los deseos de los consumidores hasta convertirlos en necesidades. Puede que más allá de los esfuerzos de la televisión por controlar su dominio sobre los espectadores, sean éstos quienes no habrían sofocado las preocupaciones de Murrow por transformar los consumidores objeto en ciudadanos sujeto. Por ende, el imperialismo televisivo continúa expandiendo los territorios que comenzó a conquistar en la industria cultural.

La televisión se ha consolidado frente a otros medios estancados o en decadencia, como la prensa o la radio. Se ayuda de nuevas herramientas que adornan su fachada desgastada por el paso del tiempo –y del buen periodismo, que se ha ido alejando para dejar paso al amarillismo y al show informativo del prime time- como Internet, en donde amplían sus fronteras coronándolas con las etiquetas de interactividad, hipertextualidad y multimedialidad. Simples florituras que tratan de suplir las cadencias de su rigor informativo. La excepción de la regla se confirma en las televisiones públicas, que cuentan con un mayor grado de independencia frente a las privadas, sometidas a las exigencias publicitarias y a corrientes ideológicas que marcan las decisiones editoriales. En cualquier caso, la “independencia” de un medio de comunicación es un término sustentado por alfileres cuyos límites están delimitados por una línea de puntos.

Por otro lado, existen alternativas a la televisión cuyos adeptos deberían probar al menos una vez en la vida. La peregrinación hacia estos medios es un camino tortuoso hacia una meta indeterminada, pues en la actualidad es una ardua tarea escoger un medio cuyo rigor informativo esté a la altura; la crisis no se remite únicamente a los aspectos económicos, sino que también está muy extendida en los mass media. Las últimas alternativas han venido de la mano de las redes sociales, suspendidas virtualmente en ese abrumador espacio que es Internet. Su proliferación ha contribuido al desarrollo de fenómenos como el periodismo ciudadano, que, hoy por hoy, no es sino otra forma de intrusión en el mundo del periodismo al alcance de cualquiera. La cantidad es mayor, pero la calidad es peor. La interactividad es casi una exigencia a los medios tradicionales, que deben adaptar sus estrategias informativas para captar nuevos followers. Sin embargo, este número de participación periodística aún es reducido, ya que el modelo del consumidor objeto sigue siendo el ideal para el periodismo, especialmente para el televisivo.

A pesar de la tormenta, la reputación de algunos medios sigue cantando bajo la lluvia. Algunos medios impresos, pese a encontrarse en números rojos, poseen aún la vara mágica de la credibilidad, obviando los tintes ideológicos que cubren cada periódico. Las publicaciones online son una de mis herramientas predilectas, tanto por razones económicas como de tiempo y comodidad. ¡Benditos sean los smartphones! El premio de consolación, a pesar del disgusto que le supondría a Edward R. Murrow, es para las televisiones. Su decadencia no ha hecho sino ir en aumento, apoyándose en el sincretismo para aumentar audiencia, recurriendo al fenómeno de la suplantación para darle a los espectadores los finales felices que no pueden protagonizar, tiñéndose con el amarillismo y combinando realidad-ficción en un cóctel difícil de digerir en la noche. El show informativo y la ciencia ficción hiperrealista son dos sucesos que se alejan mucho del ideal que denunciaba el periodista. En efecto, nos hemos percatado del error demasiado tarde.





miércoles, 23 de octubre de 2013

Mascarilla de yogur y aguacate

No hay nada que odie más que generalizar -y mira que odio tantas cosas que me he tenido que comprar un disco duro externo para recordarlas todas-, pero hay una tendencia de moda entre las mujeres del siglo XXI, que ha llegado a desarrollar en ellas un sentimiento de total inconformismo consigo mismas y, por desgracia, he de incluirme en este nuevo colectivo de pensamientos compartidos y prefabricados. Aunque me pese reconocerlo, me he visto envuelta en la corriente de la preocupación por el aspecto físico, por conseguir el cutis de portada de revista y las piernas del maniquí de la esquina.

Que sí, que cuidarse está genial, pero sin obsesionarse. Con el paso de los años, una se da cuenta de que no existen mujeres felices con el cuerpo de la Barbie. Reconozcámoslo, no hay mayor placer que comer y, si es con las manos, mejor aún. Y sigo preocupada por el aspecto físico porque, por suerte o por desgracia, no vivo como una hermitaña perdida en el medio de la primera montaña que se me cruzó en el camino. Tampoco creo que llegue a vivir de ese modo nunca, pero la naturaleza se ha colado por debajo de la puerta para traerme un espíritu ecologista renovado. Loca por la cosmética natural y los productos DIY (Do it yourself), procuro sonreírle por las mañanas al espejo, a la espera de que algún día me devuelva la sonrisa el reflejo que me observa receloso, aún con legañas en los ojos. 

La belleza puede presentarse en todo tipo de formas, colores y tamaños. Está bien, alegra la vista y crea principales en Facebook, pero hay un tipo de belleza intangible que estamos descuidando, muy a mi pesar, y que no aparece en revistas ni en televisión. Propongo que desempolvemos la conciencia guardada en el desván y le devolvamos el brillo que tenía cuando la compramos, si es que aún estamos a tiempo. 

jueves, 17 de octubre de 2013

Mi musa

La historia que voy a relataros se la robé a Sibley, una joven de la veintena de los desamparados, los marginados por el trabajo imaginario de una sociedad futurista que un día construyó sus cimientos por encima de las nubes, allá donde desaparecen las estrellas. Tras ese mismo cielo grisáceo cuyos amaneceres y anocheceres fueron robados por el tiempo, esconde Sibley las ambiciones que, siendo aún una niña que construía fuertes con sus peluches para protegerse del frío del mundo, dibujó con ceras de colores en las paredes de su habitación. Ahora están demasiado altas como para devolverlas a la caja de las que salieron; me aventuro a imaginar que habrá pasado con ellas lo mismo que les sucede a aquellos globos que, en un reclamo de su libertad, huyen coloreados hasta un horizonte que acabará reventando sus ilusiones. En una ocasión, Sibley me confesó que el presunto culpable no era otro que el tiempo, y he de admitir que aún la creo; él mismo, el señor tiempo, es el que ahora me niega las horas, e incluso los años, que me permitan enmarcar la historia de Sibley. Así es como, para evitar ecuaciones temporales del tipo x días + y horas – z minutos =t años, me he burlado de él robándole un saco entero de números que pertenecen a un pasado aún por conocer.

Para presentaros a Sibley, primero he de reconocer que no la conozco en absoluto. Ella se convirtió en mi musa por puro azar, la tarde de un anaranjado domingo recubierto de hojarasca seca. Al ritmo que los árboles iban desnudándose, el sol iba apagando su brillo cegador para inaugurar el baile de las luciérnagas veloces. Vi a Sibley por primera vez cuando detuvo su camino a ninguna parte frente a una inmensa cristalera que reflejaba toda la calle, toda la vida de los niños que saltaban sobre los pequeños charcos entre baldosa y baldosa, toda la muerte escondida bajo una manta hecha de cartón. Por un efímero instante, su pequeño mundo quiso pararse, pero los empujones de la marea de transeúntes que navegaban hacia su propio naufragio se lo impidieron. Ella subió el volumen de las notas que estaban golpeando sus pequeñas orejas, en un vano intento por silenciar el quejido incesable de aquellos a los que había cortado el paso. Inmutable, como el mármol de una estatua enterrada bajo el mar, se detuvo, clavando las plantas de sus pies al suelo, mientras saboreaba cada bocanada de aire que se escondía en su garganta. El blanco de su mirada no se encontraba tras esa inmensa cristalera que reflejaba la vida de la ciudad, sino mucho más atrás, proyectada con violencia sobre la barandilla de la entrada a un subterráneo, donde estaba el destino de su viaje, en unos ojos que  vigilaban pacientemente sus pasos.


Sibley era una adolescente y una mujer. A veces, incluso llegaba a ser una niña, cuando estaba a solas con sus viejos recuerdos de recortes fotográficos y peluches empolvados. Todo en ella parecía normal, corriente, común. Sin embargo, en cada pequeño gesto que se le escapaba, se apreciaba todo lo contrario. Ni su forma de andar, arrastrando quedamente los talones de sus fríos pies -incluso en verano, bajo la arena ardiente recalentada por el mediodía, las yemas de sus dedos continuaban siendo como esas gotitas que tras años de insistencia, forman carámbanos en los más profundo de las cuevas-, ni su dulce forma de hablar con la mirada, ni su enloquecida, martilleante e incisiva forma de pensar. Nada en ella era normal y, por ello, se convirtió en la musa de mi anormal escritura. 

miércoles, 16 de octubre de 2013

NO estoy loca

La gran mayoría de nosotros estamos locos, pero bien locos. Por suerte para nosotros, somos tantos que, más que un diagnóstico, se ha generalizado un estado mental compartido, como si de un álbum de Facebook se tratara, con el fin de dejarnos campar a nuestras anchas por los prados de la insensatez y de la inmoralidad. Andamos siempre en manada, guiados por el tintineo de un suave cencerro que a lo lejos nos dice a dónde ir, cómo vestir, qué decir y con quién relacionarlos. Somos una cadena de productos descerebrados fabricados en masa, modificados en el laboratorio para arrebatarnos la opinión y la presunta democrática libertad de la que gozamos por el simple y privilegiado hecho de ser humanos. Hemos perdido el criterio, si es que algún día lo tuvimos, y el espíritu crítico que nos animaba a cuestionarnos lo que nos vendían los periódicos. Nuestras decisiones se han reducido pragmáticamente a un botón de "Me gusta" y nuestros pensamientos han de ser cómodamente leídos, como máximo en 140 caracteres, ahorrándonos hasta los puntos. 

Puntos es lo que deberían darnos en la cabeza la Seguridad Social, para cerrar la  brecha que ha separado (in)evitablemente nuestro cuerpo de nuestra mente, que se ha ido volando por tonto descuido nuestro, al dejarla mal aparcada. Como bien dijo McLuhan, "entramos en el futuro retrocediendo", pero sin mirar ni tan siquiera por los espejos. Si me viera Albertito, mi profesor de autoescuela, me arrancaría de un guantazo la licencia de pensar. 

Por fortuna para Descartes, hace mucho que dejamos de existir. Desde el momento en que adoptamos esta conducta reduccionista, politizada, eurocentrista y censuradora que ha recortado del diccionario la definición de ser humano. 

Por suerte para nosotros, contamos con una gran habitación acolchada subvencionada por el gobierno, pública y de fácil acceso: una simple dirección de correo electrónico y una contraseña que contenga al menos 6 dígitos, mayúsculas y números. 

martes, 28 de mayo de 2013

Puterismo

Bienvenidos a la Sociedad de la Des-Información, al espectacular mundo de luces y sombras de la comunicación del siglo XXI. Nos hemos dejado arrastrar por una espiral de corrupción, decadencia y contaminación informativa. Estamos infoxicados por este maremágnum de palabras descontroladas que van y vienen, imágenes que bailan y se desnudan en las pequeñas pantallas, sonidos de bombo y platillo que cierran los informativos. Desde el momento que pagamos por una entrevista, servimos canutazos sacados de contexto y contamos medias-verdades, estamos prostituyendo la información. Y los periodistas (o practicantes, como es mi caso) somos sus chulos. Estamos perfeccionando una nueva vertiente de la profesión: el puterismo.

Nos hemos convertido en unos vendidos. Desconectamos nuestros valores y alquilamos nuestras ideas para mentefacturar productos atractivos, llamativos y bonitos que ayuden a marear los ojos de ese gran monstruo al que llamamos masa. Nos aterroriza cuestionar a una audiencia alimentada con espectáculo, que ha olvidado lo que significa la palabra calidad. Algo de lo que sólo nosotros somos culpables.

Quizá el futuro del periodismo se aclare cuando quiebren los grandes mass media, los dueños de la agenda social de la información, comprada al mejor ofertante. No tienen dinero, no tienen principios, pero nos tienen cogidos por dónde más duele. Pero nosotros no olvidamos que la información es poder, el poder es del dinero y el dinero, no es más que papel. Mientras tanto, mejor consumir mentiras vestidas de ficciones que mentiras vendidas con la etiqueta de actualidad.