Cuando se sentía intranquila, angustiada por un temor indefinible
y desconocido para la gran mayoría, pero latente bajo los poros de su piel, se
agarraba a la soledad de su casa con tanta fuerza que al final caía rendida por
la tensión. Al abrigo del sueño y del frío, a veces se zambullía en eternas
pesadillas de las que nada recordaba, salvo la horrible sensación de seguir
haciendo algo mal día tras día. El sudor frío calaba sus frágiles huesos cada
vez que salía a la calle a deambular por la ciudad desierta. De vez en cuando
cruzaba dos o tres palabras con algún conocido que se detenía frente a sus
diminutos pies, pero ninguna conversación tenía la fuerza suficiente para
evadir su mente de aquél efímero y pasajero mundo que ella creía haberse
inventado. Inventado no sólo por el surrealismo de sus recuerdos, sino también
por los constantes déjà vu que le atropellaban al cruzar la acera. Así pasaban
sus noches acabadas en un sol radiante que no la dejaba ver ni dónde se
estaba metiendo.
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martes, 3 de diciembre de 2013
miércoles, 18 de julio de 2012
Reflejos
Los recuerdos son reflejos de la memoria, que se proyectan a gran velocidad sobre un escaparate adornado por los ojos. Son percepciones efímeras de un pasado más o menos reciente, pero latente. Tal es su presencia, que en más de una ocasión nos aferramos a ellos, revolviendo en el cajón desordenado e inexplorado que mantenemos con polvo, para después seleccionar uno a dedo y contemplarlo por unos instantes antes de que vuelva a su escondrijo. Sin embargo, no siempre los rescatamos de forma consciente, sino que la mayor parte de esos reflejos proviene de un olor, un objeto especial, una persona, e incluso, un sueño, pero como dijo Calderón, los sueños, sueños son.
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