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martes, 11 de febrero de 2014

El señor Estereotipo

En una asignatura de la carrera, de cuyo nombre no quiero acordarme, leí algo que escribió alguien acerca de los estereotipos. Ignoro completamente a qué fin respondía tal escrito y las razones por las cuales se me obligó a leerlo, pero las palabras que encontré entre esas páginas desordenadas y caóticas, escritas en la lengua de Shakespeare, me hicieron reflexionar sobre el mundo que me rodea y la visión que tenemos todos de él. 

Decía algo así como que los estereotipos son una construcción mental necesaria para entender el mundo, pues nuestro aprendizaje se reduce a la categorización de los objetos que percibimos. Dicho de otro modo, el estereotipo no es sino otro invento más del hombre, quizá del catálogo infinito de Thomas Alva Edison o de algún piltrafilla sin nombre que firmó con la A de anárquico y anónimo. Como casi todos los inventos humanos, se ha convertido en un instrumento social totalmente necesario y útil, según el autor del texto cuya cara y nombre desconozco. Así es como se explicaría porqué todos los niños pintan las casas con tejado triangular o porqué se piensa que todos los negros tienen un gran asunto entre las piernas, aunque quizás aquí más que de estereptipos se trate de una mera cuestión de estadística y matemática. 

Pongámonos en lo peor: si el estereotipo fuera una persona, sería el primo feo de Don Monopoly. Un señor gordo, con bigote también, gafas de pasta, corto de mente y sobrado del bajo del pantalón. Tosco, rudo, maleducado e ignorante, que ve la vida a través de sus anteojos con una mirada tan reducida y simplificadora como su conocimiento del mundo. Los chinos amarillos, los negros atléticos, los americanos ignorantes, las rubias tontas, las morenas malas, los hombres simples y las mujeres complicadas; así es cómo el señor Estereotipo nos vende la moto. Una vespino destartalada que tuvo sus días de gloria algún tiempo atrás, pero que se ha quedado obsoleta con el paso del tiempo, el florecimiento de la tecnología, el uso masivo de Internet y el acceso democrático a una conciencia colectiva que se alimenta de lo que ve, lo que oye, lo que vive y lo que siente, y un poco menos de lo que pretenden imponerle.

martes, 4 de febrero de 2014

La idiota que quería ser escritora

No escribo para que me entiendan, ni para que me quieran. Ni siquiera escribo para que me lean. Escribo porque es la única terapia que me puedo permitir. Escribo porque lo necesito, porque me ayuda a respirar cuando me ahogo y son los gritos que ahogo cuando no me atrevo a decir en alto lo que pienso. Me gusta escribir de forma enrevesada y enredar las palabras con mis pensamientos, dibujando rompecabezas con las palabras. No soy fácil de entender, ni, por ende, tampoco de leer. Pero no me importa, todo lo contrario, me encanta. Desde bien pequeña me han gustado los libros, pero siempre los he preferido cerrados, y últimamente, si vienen en blanco, mejor. Necesito ese pequeño espacio ya sea en una hoja de papel o en un blog insignificante, que me ayude a sobrevivir a mis pensamientos. Necesito arrojar palabras sin sentido, darles la vuelta, cambiarles de color, de tamaño, de orden, jugar con ellas como si de cerámica resbaladiza y pegajosa se tratara. Escribo como respiro y pienso como siento. 

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Entrevista del concurso "Mi forma de tocar las nubes"

Tábata, la creadora de Nenna Unocuatro me entrevistó tras ser elegido mi texto ganador de uno de los concursos que organiza. Aquí podéis leer mi texto y encontrar las respuestas a todas sus preguntas. 

-¿Por qué empezaste tu blog?

Esa es una de las preguntas que me temía, y no sin motivos, pues no sé muy bien cómo responderla. Hace tanto tiempo que lo creé, que he olvidado incluso los motivos que me llevaron a ocupar un pequeño pedacito de la red. Así, mi blog nació ya hace unos cuantos años, en mi plena adolescencia, sin una temática definida ni un público objetivo demasiado claro. De hecho, el público era yo misma, pues me servía a modo de diario personal que poder llevar a todas partes, aunque sigo siendo una amante del papel. Tanto que incluso tengo que llevar conmigo una libreta para apuntar a toda prisa las ideas que me atropellan la cabeza antes de que se esfumen tan rápido como vinieron.

Con el tiempo, empecé a cogerle cariño al blog, pues me servía como una vía de escape del agobio rutinario de mi vida, un lugar en el que imaginar mundos, personas y recuerdos nuevos, tan fácil de crear como teclear unas letras detrás de otras. No obstante, mi blog ya no es lo que solía ser. Ha madurado conmigo y el pequeño retal de recuerdos que lo conformaban se ha ido transformando en un baúl de sueños y ambiciones que aspiro a cumplir.

-¿Razones por las que piensas que no perdería nadie el tiempo en pasarse por tu pequeño espacio? 

No creo que mi blog sea apto para todos los públicos, pues es un espacio pensado sólo para los amantes de la lectura, los aficionados al cuidado de la imaginación y los que disfruten de una sutil mezcla entre realidad y ficción. Y esto no es algo malo, sino todo lo contrario, pues debido a la intangible cantidad de pequeños, medianos y grandes blogs que pueblan la red, es bueno crearse un espacio diferenciado, abrir un hueco entre esa nube de blogueros para que las ideas de cada uno puedan asomar el hocico y reclamar su espacio correspondiente.

-¿Estás estudiando o trabajas? ¿En qué?

Ahora mismo estoy estudiando el Doble Grado de Periodismo y Comunicación Audiovisual de la Universidad Carlos III de Madrid. Voy por mi tercer curso, el cuál estoy disfrutando ahora mismo en mi destino Erasmus: Amberes (Bélgica). No obstante, no pierdo oportunidad de apuntarme a cursos o talleres, bien dentro de la oferta de mi universidad o fuera de ella, pues me encanta seguir aprendiendo cosas nuevas.

He de reconocer que he acabado un poco desencantada con el periodismo y, por ello, me alegro de estar complementándolo con el grado de comunicación audiovisual, pues me apasiona todo lo relacionado con la creatividad y el desarrollo de ficciones, especialmente si son escritas. Aunque el mundo audiovisual tiene todo un abanico de posibilidades que ofrecer.

También saco tiempo para realizar trabajos de carácter temporal, para sacarme un dinero extra a fin de mes. Ya siento ganas de independizarme, más aún después de haber vivido lo que es el Erasmus. Por ello, meto el pie en cualquier trabajillo que puedo, desde el mundo de la publicidad y la belleza hasta el sector de ventas y consumo.

-¿Alguna vez pensaste antes de hacerte el blog que habría tanta gente en este pequeño mundo?

Lo cierto es que cuando empecé el blog no pensé que se pudiese llegar a recolectar una audiencia más o menos modesta que siguiese al día los contenidos que actualizo, pues, como ya he dicho, lo creé con la intención de que fuese un diario personal. No obstante, estos últimos meses he estado trabajando en él con el fin de darlo a conocer y ganarme un sitio en la red de escritores y lectores blogueros poco a poco. Ése fue uno de los motivos por los que participé en tu concurso…

-¿En qué piensas o te inspiras a la hora de escribir un texto?

Normalmente siempre recupero vivencias personales, recuerdos y experiencias de todo tipo que han tenido cierta relevancia en mi vida para escribir mis textos, por lo que todos y cada uno de ellos llevan un pedacito de mí que puede leerse entre líneas. No obstante, prefiero no desvelar qué aspectos pertenecen a mi vida, pues me gusta jugar con la ambigüedad entre realidad y ficción de forma casi arbitraria. De esta forma, concibo todo lo que ocupa un espacio en mi memoria de forma poética y, a veces, incluso metafórica.

-¿Tienes alguna meta en el campo de la escritura?

Mi mayor meta, desde que tenía alrededor de doce años, ha sido ser escritora. Aunque ya considero que lo sea, me encantaría poder dedicarme profesionalmente a ello y ganar dinero con lo que piensa mi mente y transcriben mis dedos. No obstante, aunque no lo consiga, el camino que estoy recorriendo mientras persigo ese sueño puede llegar a ser incluso mucho más bonito que el fin.

-¿Has escrito algún libro, publicado (aunque sea en tu propio blog) alguna novela?

Escribí mi primer libro con catorce años y comencé a publicarlo por capítulos en un blog que, por desgracia, dejé abandonado y más tarde lo eliminé. No he vuelto a publicarlo, pues no me siento muy satisfecha con el resultado. No obstante, le tengo cierto cariño al ser mi primera aventura a lo grande con la escritura y, además, en él se puede apreciar cómo ha mejorado y evolucionado mi forma de escribir.

Se titula Con el dedo en el gatillo, y es una novela de aventura y suspense, sobre una chica de familia acomodad que descubre los problemas en los que está metido su hermano mayor por culpa de las drogas. Un día, en un intento por descubrir la verdad y poder ayudarle, le sigue a una reunión con quien parece ser su camello, cuando es descubierta y retenida por él y los de su banda. Para ayudar a su hermano, primero tendrá que ayudarse a sí misma.

-¿Cambió tu vida o empezaste a ver tu vida diferente desde que entraste a este pequeño mundo?

Quizá no mi vida, pero sí mi forma de ser. Lo cierto es que desde siempre me he visto a mi misma de una forma especial, con una sensibilidad especial para la escritura y, en general, el arte. Me considero suficientemente honesta como para no llamarlo un don, pero sí una bonita afición que me gustaría transformar en una profesión.

Empecé a escribir cuentos siendo aún una niña, inspirada por las historias de dragones, brujas y princesas que veía en las películas o que me contaban antes de dormir. Me gusta pensar en ello como una divertida habilidad para transformar el bolígrafo en una especie de barita mágica que hace mis deseos realidad, al menos sobre el papel.

-¿Qué piensas del blog del concurso -Nenna Unocuatro-?

Pienso que es una iniciativa estupenda para dar a conocer nuevos blogueros y blogueras que comparten todos una misma afición: la escritura. Estoy muy contenta de haber podido participar en él, y ganar ha sido toda una alegría, pero también me alegra mucho encontrarme con tanta gente que cuida y mima su blog con bonitas historias cada día. Me encantaría participar en más concursos pues, ganando o no, es una forma estupenda de pasar el rato creando. Por ello, te doy las gracias por la oportunidad que nos das a todos en tu bonito blog.

-¿Algo que decir a los lectores?

Lo primero de todo, las gracias por dedicar un trocito de su tiempo a leer todo lo que sale de nuestras cabecitas y queremos compartir con ellos en nuestros blogs. Esté pensado para nosotros mismos o para ellos, siempre es un placer recibir comentarios y críticas en el blog, pues de eso se alimentan estos pequeños espacios de la red.

En segundo lugar, os invito a seguir viniendo a mi blog y a todos los de los participantes del concurso, pues todos tenemos grandes historias que ofreceros y sólo son valiosas cuando las compartimos con vosotros. 

martes, 26 de noviembre de 2013

Film maker

Desde hace unos años he cogido la costumbre de imaginarme la vida de cada transeúnte que se cruza en mi camino, más aún después de haber empezado a estudiar comunicación audiovisual. Si ya antes de decidir mi futura carrera sabía más o menos que tiraría por periodismo, debido a mi gran pasión por la escritura, ahora, al saber un poco más de cine, me monto unas películas de impresión con la gente que pasa por delante de fría nariz. 

Os recomiendo que, de cuando en cuando, le deis alas a la imaginación con un redbull, un café o una cerveza en la silla del bar o el banco del parque de la esquina, analizando a los personajes principales, seleccionando extras y gritando acción con cada nuevo desconocido. Es un entretenimiento divertido, barato y saludable para nuestros cerebros adormilados por la rutina diaria del invierno. 

domingo, 27 de octubre de 2013

Periodismo imposible

"La destitución. Historia de un periodismo imposible" (2010), titula el periodista bilbaíno que corona este artículo. Una obra que, en 176 páginas, incita a la reflexión sobre la deprimente situación actual en la que se encuentra el periodismo español en particular, aunque bien sabemos que la crisis mediática se ha expandido, por ese fenómeno al que los expertos han denominado globalización, hasta el último diario del planeta. José Antonio Zarzalejos nos obliga, como decía, a reconsiderar la desaparición de los principios éticos, morales y periodísticos que regulaban la profesión, con la consecuente reconfiguración de un “periodismo imposible”. Los poderes políticos han desarrollado una extraordinaria capacidad para subvertir los Códigos Deontológicos de los medios de comunicación. Sin embargo, los actores políticos no actúan en solitario, sino que aúnan fuerzas con otros sectores emergentes del Sistema Rector, tales como las instituciones, las empresas privadas, las entidades financieras o las agencias publicitarias, en detrimento de los derechos de los ciudadanos, simples marionetas del escenario mediático. 

El libro de Zarzalejos constituye, por tanto, una crítica a las relaciones actuales entre la prensa y el poder, basada en el propio ejemplo del autor. Como recoge la Editorial Península, “este relato constituye un alegato de carácter moral que reivindica la solvencia y la dignidad del oficio periodístico”, que se ve condicionado desde hace años por agentes externos a la profesión que no sólo escogen a dedo a los directores de los medios, sino que además pre-configuran las noticias de la agenda. Es decir, los contenidos introducidos en la agenda por iniciativa propia del medio se reducen a un 7,5% (datos del 2008),  frente a un abrumador 92,5% configurado por la agenda política, institucional y económica. Por otro lado, la mayoría de los directores de medios de comunicación afirmaron (90%), en una encuesta realizada en el año 2004, que habían recibido presiones por parte de agentes externos. Dichas presiones se radicalizan cuando los dirigentes políticos son capaces de destituir a uno de esos directores con una simple llamada. Eso es lo que denuncia Zarzalejos, exdirector del diario ABC (2005-2008), que fue sustituido por Ángel Expósito (2008-2010), cuando la ex presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, se percató del cambio en la línea editorial del periódico, más próximo a la política de Alberto Ruiz Gallardón. Las discrepancias entre estos dos gobernantes llevaron a Aguirre a ordenar a Isabel Gallego (responsable de relaciones de los medios de comunicación con la capital) la destitución del periodista bilbaíno.

El ejemplo de Zarzalejo es una gota más que añadir al vaso. Las relaciones entre la prensa y el poder son completamente corruptas, pero no sólo en España. Sabemos de buena tinta el doble juego de intereses que envuelve a medios y poderes políticos, como en el caso del magnate Rupert Murdoch, cuyos “affaires” con Thatcher, Blair o Cameron son bien conocidos. Por otro lado, la decadencia del actual sistema de medios, con frágiles estructuras empresariales, pérdidas que se cuentan por millones y la mercantilización salvaje de éstos han hecho que se conviertan en empresas dependientes las unas de las otras. En consecuencia, el periodismo ofrece productos vendidos al mejor postor, expuestos en los escaparates que ahora representan los medios de comunicación. Por desgracia, los consumidores se han acostumbrado a esta configuración de los roles del espacio mediático, en donde unos agentes se pelean con otros por conseguir el mejor pedazo del pastel o, en su defecto, el medio más fiel. 

jueves, 24 de octubre de 2013

Good night, and good luck

Las palabras del periodista Edward R. Murrow lanzaron sus críticas contra el sistema mediático que se cernía sobre la sociedad americana, indefensa frente a los dardos televisivos lanzados al centro de la diana. El discurso de Murrow censuró el tejido industrial de los mass media, en especial de la caja ante la que cada día los consumidores, que no ciudadanos, se postraban para rezar sus discursos ideológicos. La televisión consiguió más que ningún otro medio el embebecimiento de los espectadores. Poseía una habilidad hipnotizadora, que sumía a los consumidores mediáticos en un balanceo de distracción, diversión, engaño –en palabras de Murrow- y así sucesivamente, siguiendo un ritmo melódico y armonioso regulado por las sintonías de cada programa televisivo. Aún hoy, la televisión ejerce ese mágico poder sobre la masa de consumidores, incluso lo ha desarrollado estrechando sus alianzas con medios como la publicidad, cuyo lenguaje viperino encauza los deseos de los consumidores hasta convertirlos en necesidades. Puede que más allá de los esfuerzos de la televisión por controlar su dominio sobre los espectadores, sean éstos quienes no habrían sofocado las preocupaciones de Murrow por transformar los consumidores objeto en ciudadanos sujeto. Por ende, el imperialismo televisivo continúa expandiendo los territorios que comenzó a conquistar en la industria cultural.

La televisión se ha consolidado frente a otros medios estancados o en decadencia, como la prensa o la radio. Se ayuda de nuevas herramientas que adornan su fachada desgastada por el paso del tiempo –y del buen periodismo, que se ha ido alejando para dejar paso al amarillismo y al show informativo del prime time- como Internet, en donde amplían sus fronteras coronándolas con las etiquetas de interactividad, hipertextualidad y multimedialidad. Simples florituras que tratan de suplir las cadencias de su rigor informativo. La excepción de la regla se confirma en las televisiones públicas, que cuentan con un mayor grado de independencia frente a las privadas, sometidas a las exigencias publicitarias y a corrientes ideológicas que marcan las decisiones editoriales. En cualquier caso, la “independencia” de un medio de comunicación es un término sustentado por alfileres cuyos límites están delimitados por una línea de puntos.

Por otro lado, existen alternativas a la televisión cuyos adeptos deberían probar al menos una vez en la vida. La peregrinación hacia estos medios es un camino tortuoso hacia una meta indeterminada, pues en la actualidad es una ardua tarea escoger un medio cuyo rigor informativo esté a la altura; la crisis no se remite únicamente a los aspectos económicos, sino que también está muy extendida en los mass media. Las últimas alternativas han venido de la mano de las redes sociales, suspendidas virtualmente en ese abrumador espacio que es Internet. Su proliferación ha contribuido al desarrollo de fenómenos como el periodismo ciudadano, que, hoy por hoy, no es sino otra forma de intrusión en el mundo del periodismo al alcance de cualquiera. La cantidad es mayor, pero la calidad es peor. La interactividad es casi una exigencia a los medios tradicionales, que deben adaptar sus estrategias informativas para captar nuevos followers. Sin embargo, este número de participación periodística aún es reducido, ya que el modelo del consumidor objeto sigue siendo el ideal para el periodismo, especialmente para el televisivo.

A pesar de la tormenta, la reputación de algunos medios sigue cantando bajo la lluvia. Algunos medios impresos, pese a encontrarse en números rojos, poseen aún la vara mágica de la credibilidad, obviando los tintes ideológicos que cubren cada periódico. Las publicaciones online son una de mis herramientas predilectas, tanto por razones económicas como de tiempo y comodidad. ¡Benditos sean los smartphones! El premio de consolación, a pesar del disgusto que le supondría a Edward R. Murrow, es para las televisiones. Su decadencia no ha hecho sino ir en aumento, apoyándose en el sincretismo para aumentar audiencia, recurriendo al fenómeno de la suplantación para darle a los espectadores los finales felices que no pueden protagonizar, tiñéndose con el amarillismo y combinando realidad-ficción en un cóctel difícil de digerir en la noche. El show informativo y la ciencia ficción hiperrealista son dos sucesos que se alejan mucho del ideal que denunciaba el periodista. En efecto, nos hemos percatado del error demasiado tarde.





miércoles, 16 de octubre de 2013

NO estoy loca

La gran mayoría de nosotros estamos locos, pero bien locos. Por suerte para nosotros, somos tantos que, más que un diagnóstico, se ha generalizado un estado mental compartido, como si de un álbum de Facebook se tratara, con el fin de dejarnos campar a nuestras anchas por los prados de la insensatez y de la inmoralidad. Andamos siempre en manada, guiados por el tintineo de un suave cencerro que a lo lejos nos dice a dónde ir, cómo vestir, qué decir y con quién relacionarlos. Somos una cadena de productos descerebrados fabricados en masa, modificados en el laboratorio para arrebatarnos la opinión y la presunta democrática libertad de la que gozamos por el simple y privilegiado hecho de ser humanos. Hemos perdido el criterio, si es que algún día lo tuvimos, y el espíritu crítico que nos animaba a cuestionarnos lo que nos vendían los periódicos. Nuestras decisiones se han reducido pragmáticamente a un botón de "Me gusta" y nuestros pensamientos han de ser cómodamente leídos, como máximo en 140 caracteres, ahorrándonos hasta los puntos. 

Puntos es lo que deberían darnos en la cabeza la Seguridad Social, para cerrar la  brecha que ha separado (in)evitablemente nuestro cuerpo de nuestra mente, que se ha ido volando por tonto descuido nuestro, al dejarla mal aparcada. Como bien dijo McLuhan, "entramos en el futuro retrocediendo", pero sin mirar ni tan siquiera por los espejos. Si me viera Albertito, mi profesor de autoescuela, me arrancaría de un guantazo la licencia de pensar. 

Por fortuna para Descartes, hace mucho que dejamos de existir. Desde el momento en que adoptamos esta conducta reduccionista, politizada, eurocentrista y censuradora que ha recortado del diccionario la definición de ser humano. 

Por suerte para nosotros, contamos con una gran habitación acolchada subvencionada por el gobierno, pública y de fácil acceso: una simple dirección de correo electrónico y una contraseña que contenga al menos 6 dígitos, mayúsculas y números. 

miércoles, 9 de octubre de 2013

Periodismo mortal

El mundo en que vivimos, por Mario Vargas Llosa 
(http://elpais.com/diario/2009/08/23/opinion/1250978412_850215.html)

Interesante, crítico, esquemático y sugestivo es el artículo del novelista y ensayista contemporáneo, que reflejó en la Cuarta Página de EL PAÍS la triste mirada de una sociedad televisada, un paisaje mediático empobrecido y una política paternalista mal disimulada, que arranca una a una las flores de la ética y pisotea la moral de los consumidores. Las preocupaciones del escritor latinoamericano son el fruto de años de desarrollo tecnológico e involución mediática. Vargas Llosa, escandalizado con el caso de Wallace Souza, reflexionó en cuatro columnas sobre la decadencia del sistema de medios, enfocado desde el punto de vista de la televisión. El programa policíaco que emitía el Canal Livre dio lugar, por desgracia, a una nueva modalidad de periodismo, muy alejada de las fórmulas basadas en el Open Data o la investigación como hilo conductor de la profesión. Me refiero al periodismo mortal, una corriente que, bajo el mando del exdiputado, prescindió de la ética, el raciocinio y el sentido común. Apostó, en su lugar, por el navajazo y la “espectacularización” del crimen. Souza sustituyó el micrófono o la grabadora por el cañón de la pistola, con el objetivo de entretener a la masa de consumidores y conseguir, en primicia, las imágenes más brutales e impactantes que ninguna otra cadena era capaz de conseguir. Esta competencia encarnizada con el resto de medios es el reflejo de la mercantilización salvaje, que caracteriza la esfera mediática, llevada al extremo del precipicio. Es más, estas aberrantes prácticas periodísticas hacen que las de Murdoch se reduzcan a una mera chiquillada. Sus reflexiones sobre la visión que la sociedad contemporánea tiene de la realidad son, por ende, un espejo colocado de forma acertada, que reflecta la luz directamente a los ojos de unos consumidores que han permanecido –y permanecen, lamentablemente- en una oscuridad total, dormitando frente a la pantalla plana.

Vivimos en una iconosfera mediática, donde cada imagen es un producto y responde a unos intereses. El máximo exponente de esta sociedad icónica, mediatizada y digitalizada es el negocio publicitario, que maneja los hilos de la estructura de los grandes mass media, pero también de los trémulos nuevos medios que navegan por la red. Aunque Vargas Llosa alude a la contaminación de la televisión, el resto de medios son también náufragos agitados por una marea de consumidores con necesidades de entretenimiento y distracción. Ello explica el fenómeno de la información-espectáculo, que mezcla realidad y ficción de tal forma que es muy difícil diferenciarlas. Esto se debe a la actual configuración de los procesos de creación de contenidos simbólicos, es decir, de “creación de la realidad”, como el sincretismo y la suplantación; todo tipo de contenidos para todos los públicos y al mejor precio, gracias al abaratamiento de las tecnologías de la información y de la comunicación. 

Por fortuna, aún queda espacio –aunque sea en unas cuantas líneas en este trabajo-, para modelos de periodismo alternativo, de reciente creación, cuyo objetivo es el de posicionarse como contrapoder social. Sin embargo, sus fórmulas son ineficientes, debido a que las necesidades de entretenimiento del gran público ya están cubiertas. La “infoxicación” de los espectadores es tal que éstos sienten una especie de adormecimiento informativo. Es difícil identificar una solución viable y sostenible a largo plazo que permita cambiar la forma en que explotamos nuestra cultura de la imagen (y de la información). Y no parece que las soluciones ecológicas sean la mejor arma, como tampoco lo es la rebelión de los consumidores que propuso Hamelink. Tendremos que seguir trabajando e investigando para evitar que el informativo de las nueve se proyecte sólo en los mejores cines.