jueves, 15 de noviembre de 2012

Vida

La vida no está en los libros, ni en las paredes sangrantes de un sólo cuarto. No se esconde entre las páginas de un diario desgastado, ni huye por las aceras grises. Me empeño en creer lo contrario, pero la vida no se juega doble o nada. No son las cartas de una baraja, ni los versos de una poesía, por mucho que lo reclamen los románticos. No son, ni serán jamás, las hojas secas de tu jardín, ni el quejido de las olas. ¿Acaso está en la espuma del café de las mañanas? No, ni nunca lo estará. No debería buscarla en las líneas de las manos, ni en las arrugas de mis ojos. Tampoco a las uñas que arañan tu espalda puedo llamarlas vida, ni al alcohol que se resbala por la calle, siendo río de recuerdos olvidados. 

Me olvidé de la tinta que empañaba el espejo, de las cálidas mañanas que carcomían las cortinas y de todos los cristales rotos que pisé. Me olvidé porque mis ojos dejaron de ver y mis oídos olvidaron escuchar. Se anularon mis sentidos cuando aprendí a respirar. Un golpe seco, como si acabase de nacer, astilló mi pecho y lanzó las motitas de polvo que flotan a tu alrededor. En ese momento entendí que la vida no es luz, ni risa. No es agua, silencio o verdad. Vida, eres tú.

A ti, que me has enseñado a vivir

domingo, 26 de agosto de 2012

A veces, ocurre

Segundo a segundo la vida se descuenta, se escapa. Huye rodando por la carretera, burlándose de sus dueños, efímera como el calor de una llama. En su carrera hacia el final nos exige recuerdos, hazañas, aventuras, pero también errores y equivocaciones. Así es como trazamos el mapa en el que debe buscar su tesoro; se aprende los caminos cortados, memoriza los atajos y, cuanto más avanza, más rápido se desvanece.

Durante muchos años camina sin detenerse ni un sólo segundo, y sólo echa la vista atrás para repasar las huellas que le han llevado hasta donde está. Esta rutina se entrelaza con la monotonía del tiempo, y los surcos en la arena se convierten en arrugas imborrables. Sin embargo, a veces ocurre un cruce de caminos: ése instante en el que dos vidas se chocan levantando una densa polvareda. Se desorientan, están confusas y alteradas. Dura sólo un instante, los segundos que se mantienen la mirada. Por primera vez, el tiempo se detiene. Las luces de la carretera iluminan la oscuridad de la noche, y dibujan un sendero que nunca antes habían visto.  No se hacen preguntas de las que ya saben la respuesta. Entrelazan sus dedos y caminan juntas por ese sendero hasta el fin de sus días.

lunes, 13 de agosto de 2012

Drugs

Las mejores drogas que el ser humano puede consumir son ciertas personas; ácidas como la ponzoña de una serpiente, abrasadoras como el deseo de experimentar sus efectos, nos atraen con su envoltorio adornado por una mirada desafiante y sonrisas que constituyen todo un auténtico reto.

Se trata de seres enigmáticos, con una personalidad hipnótica y grandes dotes carismáticas. Sus secretos son nuestro límite, y sus besos tienen el sabor de una calada a medianoche. El eco de sus voces resuena en nuestras mentes como el giro del mechero sobre la mesa. Somos adictos a sus movimientos, como el tiempo lo es al baile de las manecillas del reloj. 

Sus rostros permanecen anclados en nuestras memorias, siendo una dosis letal, un coma empírico, una romántica alucinación, un recuerdo, en definitiva, imborrable. 

miércoles, 18 de julio de 2012

Reflejos

Los recuerdos son reflejos de la memoria, que se proyectan a gran velocidad sobre un escaparate adornado por los ojos. Son percepciones efímeras de un pasado más o menos reciente, pero latente. Tal es su presencia, que en más de una ocasión nos aferramos a ellos, revolviendo en el cajón desordenado e inexplorado que mantenemos con polvo, para después seleccionar uno a dedo y contemplarlo por unos instantes antes de que vuelva a su escondrijo. Sin embargo, no siempre los rescatamos de forma consciente, sino que la mayor parte de esos reflejos proviene de un olor, un objeto especial, una persona, e incluso, un sueño, pero como dijo Calderón, los sueños, sueños son.